Innovación

Cómo los agricultores continúan produciendo alimentos durante la crisis mundial

Tres personas saludando mientras están sentadas en una gran maquinaria agrícola en un campo bajo un cielo azul.

A lo largo del año, productores agropecuarios de todo el mundo han trabajado para evitar que la crisis del coronavirus se transformara, además, en una crisis alimentaria.

En un periodo de algunas pocas semanas, la vida alrededor del mundo se vio sacudida por el surgimiento del COVID-19. Las industrias tuvieron que cambiar rápidamente la manera en la que funcionan y lo mismo sucedió con la agricultura. 

 

Los productores agropecuarios están acostumbrados a adaptarse a las circunstancias, sean sequías, inundaciones o infestaciones por plagas. Superar estos inconvenientes es parte de su día a día, pero la pandemia generó nuevos desafíos para quienes se dedican a la producción de los alimentos necesarios para la supervivencia de todas las personas.  

 

Estos desafíos evidencian que se deben redoblar los esfuerzos para mejorar la resistencia de nuestro sistema alimentario. Para comprender los obstáculos que enfrentan actualmente, conversamos con algunos agricultores para saber cómo se adaptaron a estos tiempos de los que no se tenían precedentes. 

 

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Rupturas en las cadenas de abastecimiento

La reducción del número de empleados presentes en un mismo sitio, para permitir distancias de trabajo seguras, pasó a ser frecuente en todas las industrias. Y es uno de los tantos factores que actualmente tienen impacto en las cadenas de abastecimiento que acercan el alimento de los campos a nuestras casas. 

 

El movimiento de productos entre países se ha restringido de manera significativa, con algunas fronteras cerradas por completo. Esto genera acumulaciones y producción de residuos en un extremo y escasez en el otro, lo cual, a su vez, incrementa los precios para los consumidores. 

 

Conozcan a Julio Fernández Speroni

Julio Fernández Speroni es un productor argentino que siembra soja, maíz y trigo en más de 400 hectáreas. Debido a que algunos puertos en Argentina no operaban con su capacidad habitual, existe un límite en la cantidad de cultivos de Speroni y de otros productores que pueden llegar a embarcaciones, para luego ser exportados o transportados a lo largo del país. 

 

“Los agricultores deben poder vender cerca del 30% de sus cultivos durante la cosecha para pagar a sus contratistas y los salarios”, afirma Julio. “En la mayoría de los países eso no será posible, por lo que habrá una lucha financiera en los próximos meses”. Speroni aún no pronostica pérdidas mayores, pero la cantidad de soja y de maíz que pueden almacenarse como granos secos en su campo es limitado. 

 

No obstante, en los mercados de productos perecederos, tales como fruta y vegetales, las alteraciones en la cadena de suministro han generado un impacto aún mayor. La imposibilidad de llevar el alimento rápidamente del campo a los consumidores puede provocar grandes niveles de pérdida y de desecho de alimentos, problemas que los productores están preparados para enfrentar. 

 

“Hubo momentos en los que el campo se encontró cerrado: nadie salía y solo el personal necesario podía entrar”, dice Julio Fernández Speroni, un productor que gestiona una operación total de 2.200 hectáreas en Argentina.  

 

En su campo ganadero y de siembra directa, Julio y su limitado equipo de cinco empleados a tiempo completo “han estado muy ocupados desde que inició la cuarentena”, cosechando las 400 hectáreas de soja, maíz y trigo.

  

Desde que comenzaron las restricciones en Argentina se identificó a los agricultores como esenciales para que continuaran su trabajo. “Es importante que nos permitan seguir trabajando”, explica Speroni. “No se puede abandonar un campo que ha sido cultivado y está listo para ser cosechado. Sería un desastre”. 

 

Solo aquellos camiones con permisos específicos tenían permitido viajar para transportar las cosechas a las embarcaciones y a los mercados de exportación. Las restricciones en los traslados dificultaban algunas de las labores anuales más importantes del campo, y también presentan desafíos imprevistos. 

Hombre sonriendo mientras está de pie junto a un caballo blanco, apoyando suavemente su mano sobre la cara del caballo.
No se puede abandonar un campo que ha sido cultivado y está listo para ser cosechado. Sería un desastre”.
Julio Fernández Speroni
,
Agricultor

Los periodos largos de separación en áreas remotas son habituales en el ámbito de la agricultura. No obstante, la naturaleza inusitada de la pandemia del coronavirus y la incertidumbre sobre la fecha en que se terminarían las restricciones a los viajes crean nuevos retos para la salud mental de la mano de obra aislada. Speroni afirma: “Nunca había pasado y aún nos estamos acostumbrando a ello. Es difícil para mis empleados, que estaban separados de sus familias”. 

 

Speroni y su personal están utilizando la tecnología disponible, así como el resto del mundo, para acortar las distancias impuestas como respuesta al COVID-19. Esta misma tecnología también ayuda a los agricultores a realizar sus labores esenciales a pesar de las grandes distancias. 

 

Además del campo en el que actualmente vive, Speroni administra otros cinco campos alrededor del país. Con la imposibilidad de viajar, dependía de tecnología tan directa como mensajes con fotografías para ayudarse a evaluar los campos y valorar con sus equipos las partes que precisan la aplicación de un fungicida o ser tratadas de alguna manera en especial.  

 

Julio es un ejemplo de cómo los agricultores alrededor del mundo se adaptaron frente a la pandemia y cómo encontraron las soluciones necesarias para continuar suministrando alimentos a nivel mundial. “Los agricultores argentinos y el pueblo argentino en general son rápidos para adaptarse a este tipo de desafíos”, dice Speroni. Cree que el esfuerzo extra y el pensamiento innovador de los agricultores, los trabajadores y los funcionarios le permitió a la industria resistir y superar la pandemia, y, una vez más, salir adelante. 

 

Es imposible pronosticar cuáles serán las consecuencias a largo plazo de la pandemia del COVID-19. Lo que sabemos es que se necesita un sistema alimentario más resistente para mejorar la sostenibilidad agrícola y ayudar a que las cadenas de abastecimiento soporten y respondan a futuras crisis. La buena noticia es que la agricultura es una industria acostumbrada a superar desafíos. 

 

La incertidumbre acerca del futuro dificulta la planificación a los productores agropecuarios. ¿Cómo pueden tomar decisiones sobre sus inversiones sin saber cómo será la demanda cuando el producto esté listo para ser cosechado? Sin embargo, los agricultores son resistentes y esperan el regreso a una nueva normalidad. 

 

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El compromiso de Bayer 

En Bayer buscamos formas creativas para apoyar a nuestros clientes de Crop Science mientras mantenemos la seguridad como una de nuestras mayores prioridades.
 

Estamos acelerando nuestros esfuerzos digitales.

 

Organizamos eventos virtuales de aprendizaje y compartimos videos sobre temas de interés relacionados al cultivo y la cosecha. También hemos adaptado nuestra interacción con los agricultores: estamos utilizando canales digitales como Instagram, Facebook y WeChat para, por ejemplo, compartir habilidades agronómicas con los agricultores.

 

Además, ofrecemos servicios clave como FieldView, para proporcionar datos de manera remota y ayudar a los productores a colaborar con nuestros asesores agronómicos de confianza para asistir en las decisiones dentro del campo. 
 

Estamos utilizando nuestra pericia en la fabricación para promover la salud y la seguridad.

 

Hemos producido desinfectantes para uso comunitario y proporcionamos suministros de protección para personal médico local. Además, proporcionamos equipos de protección a la comunidad, incluyendo tapabocas y guantes para los agricultores, trabajadores sanitarios y trabajadores de la salud. 

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